No podía admitirlo. No quería admitir que él había sido mi primer amor. Quise negarlo, creí que si lo negaba podría engañar a mi mente. Pero resultó que no era así. Día y noche pensaba en él. No podía ocupar mis pensamientos en otra cosa que no fuera él, y cuando lograba distraerme, de una u otra forma, algún pensamiento me llevaba a algún recuerdo. No quería admitirlo, pero... Él fue mi primer amor, y siempre lo será. A pesar de que no tuvimos un final feliz.