Abrí mis alas para volar contigo,
me equivoqué,
tu ni siquiera sabías caminar,
pero me aferré,
quise ver en ti
algo que jamás tuviste,
dejé pasar los días
que se fueron convirtiendo en años.
Hasta que una mañana me di cuenta,
que mis alas estaban empequeñecidas,
tuve que tomar valor,
salir de esa zona de confort
en la que me había instalado,
tratando en un último intento
de que volaras conmigo,
hablé contigo,
muchas veces,
de lunes a domingo.
No funcionó.
Pero me ayudó a irme sin culpa.
A darme cuenta,
que tú jamás quisiste volar a mi lado,
y yo,
viendo las señales,
me negaba a moverme de tu sitio.
Al final volé.
Estar ahí,
ya no tenía sentido.