Hay veces en la vida cuando uno se pregunta si fue el destino, las energías o las vidas pasadas las que hicieron que la historia con otra persona tenga tantas vueltas; idas y venidas que nunca llegan a nada. Aún si terminan formulando una historia de amor, de odio o de final abierto. ¿Terminará inconcluso porque en algún momento se va a reanudar o simplemente para que tu mente y tus sentimientos aprendan una lección?
Yo, la verdad, no encontré la respuesta a pesar de que gasté horas de mi tiempo pensando en qué hubiese pasado, pero vivir del pasado es una forma de quitarle tiempo al ahora. Que es difícil, nadie lo niega: dejar ir un gran amor o a una persona que te prometió miles de aventuras y su compañía duradera, cuando al final todo duró unos meses o un poco más.
Muchos consejos para cuando te rompen el corazón dicen que debes Soltarlo. Que cuando te vienen a la cabeza sueños o recuerdos de ese pasado, que trates de reprimirlos y ocupes tu cabeza en algo más productivo: hacer deportes, estudiar, ir al supermercado y comer algo. Yo entendí que a pesar de que haga eso, lo único que queda ocupado es mi cuerpo, y mi cabeza sigue pensando; todos saben que las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez. Entonces, ¿cuál es la solución para olvidar?
Usando la palabra olvido no iba a encontrar respuesta alguna, porque uno no puede olvidar lo vivido. Es parte de nuestra historia. Uno puede soltar, dejar ir, por cliché que esto se haya vuelto.
Un viejo amigo (no solo por los años que compartimos sino también por su edad) me contó que la mejor forma de superar algo que ya dejó de hacernos felices para comenzar a lastimarnos es, antes que nada, encontrarse a uno mismo; porque cuando uno da todo por el hermoso sentimiento de amar y ser amado, a veces tiende a desarmarse hasta quedar irreconocible. Entonces lo intenté, traté de buscar a la antigua yo, y descubrí que ya no existía más esa chica parrandera, fría y sin preocupación alguna más que cómo se iba a vestir cada noche que salía con sus amigas. Aquella chica tenía otras prioridades, vivía en otra ciudad, y sus mejores amigas que sentía como hermanas estaban lejos. Ahora tenía unas pocas conocidas, con las que la pasaba muy bien, pero ya no era lo mismo. Mis amistades podían soportar la distancia, pero yo no.
Entonces, los recuerdos me atormentaron incluso peor y traté de encontrar la manera de ver a cada recuerdo que volvía a mi mente como algo bueno, algo feliz, y seguir adelante. Que todo se difuminase en mi mente sin necesidad de tanto pensar.
No sé si estaba bien pero ayudaba, y con eso era suficiente para no sufrir un solo día más de la soledad y del pasado, ese pasado que me perseguía y no podía soltar por lo feliz que supe ser.
¿Cómo se pude volver a esa felicidad? Ahí está el problema: no se vuelve a lo mismo. Sólo se puede intentar que el día a día, con sus retos y su rutina totalmente distinta a la conocida puedan devolver el sentimiento de amor