II.

La caída libre
es caer, pero al menos es
libre. Ni siquiera sé
si salté o si me empujaron,
pero no importa ahora
que estoy aquí arriba. No hay alas
ni red, pero por un instante
hay una magnífica
vista: el mar,
una línea de olas, acantilados pardos
con mechones de maleza, tu cara
vuelta hacia arriba, un cero blanco.
Ojalá supiera
si vas a cazar o sólo a mirar.