¿Cuándo fue que decidiste que ya no eras suficiente? ¿Te acordas? Yo tampoco. No sé si fue de un día para el otro, o si me tomó más tiempo. Yo, siendo moldeada por un estereotipo impuesto e inalcanzable. Y vos... bueno, probablemente también. Nosotros, siendo destruidos... por nosotros mismos.
¿Cuándo fue la última vez que te miraste al espejo y el orgullo te colmó hasta los huesos? ¿Cuándo fue la última vez que te sonreíste, porque sí, porque eras vos, ahí enfrente?
Te propongo algo, un desafío de esos que te gustan. Probá mirarte al espejo, y en lugar de insultarte o mirarte mal, sonreí, que eso es más difícil. Pero no sonrías por compromiso, sonreí cuando lo sientas, mirate, y no mires todo lo feo, mirá todo lo que tenés de lindo. Mirá ese cuerpo que recibe todos tus golpes y es al mismo tiempo ese cuerpo que te sigue sosteniendo, por más cosas feas que le digas. Cuando tengas bronca, cuando no des más, mirate y agradecete porque seguís ahí, porque sos fuerte.
Sos vos, todo empieza con vos. Vos reunís las fuerzas para levantarte todos los días y sonreír aunque no te sientas tan feliz, sos esa persona que le saca una sonrisa a otros (y cuando menos lo piensa), sos esa persona que cuando se olvida del estereotipo, es feliz, brilla, así, simple.
No necesitas la aprobación de otra persona, no necesitas que alguien te diga que sí sos suficiente. Eso no sirve. ¿Sabés que necesitas? Aceptar que para vos sos suficiente, y si alguien piensa lo contrario entonces que vaya a ver donde encuentra lo que le falta, porque a vos no te falta nada. Creeme, sonreí, querete, viví, que al final esta vida es tuya y tenés que vivirla para vos.