Por fin, por fin había rendido frutos mi forma de ser, mi desinteresada forma de ser con las personas a las que en verdad quiero. Pero, ¿saben algo? Creo que era un poco tarde.
Eran tantas decepciones, entienden. Tanta incertidumbre me fue secando el corazón, tantas noches pensando en qué fue lo que hice mal, formaron una capa, una capa gruesa justo alrededor de mis sentimientos, alrededor de mis ganas de entregarlo todo.
Yo lo quise, lo quise con todo el alma, fue de ese amor fugaz, algo raro, de ese amor totalmente distinto al de las películas. No fue un amor a primera vista, ni siquiera sé si llamarlo amor, en realidad, creo que no tiene nombre.
Ese apego que se crea con el tiempo, sin querer, con llamadas por la noche, un montón de sonrisas y un par de lagrimas después de algunas copas. Ese cariño que creí que sería diferente, bonito, pero que al final resultó algo básico y repetitivo.
Ahora dice que en verdad me quiere, cuando esperé que esas palabras llegaran, por semanas, por meses. Pero ahora mi amor por él está escondido, como un tesoro nunca encontrado, de esos que te cansas de buscar hasta terminar dudando de su misma existencia. Está enterrado bajo toneladas de dudas y de pasado.
Mi amor por él, mi amor por ti, deberíamos darle continuidad. Hazlo bien, hagámoslo bien, y parecerá que no habrá pasado el tiempo desde el primer "me gustas", desde el primer "te quiero", desde esos primeros tres besos bonitos después de aquel último largo beso.