Me costó darme cuenta. Yo creía que me quería. Pero no. Tuve que ilusionarme hasta que me le confesé, segura de que me aceptaría. Estaba orgullosa de mi misma. También cabe destacar que él mostró signos de amor. Miradas amorosas, interés, detalles. Pero me rechazo. Y lo peor de todo fue que le insistí, y ahí fue cuando se burló de mi. Con sus amigos claro, tenía que mostrar su poder. Todavía recuerdo sus rostros sonrientes ante mi carta de amor. Esa que seguro se la mostró a todo el mundo, porque nunca me quiso. Me trataba mal y se alejaba, pero después hacía como si nada. Y hablábamos un montón. Y yo feliz, porque había vuelto. Muchas veces me mintió y yo no me daba cuenta, yo vivía en un sueño. A veces he llegado a pensar que me enamore de alguien que nunca existió, que me enamore de un sueño, porque él, no era lo que aparentaba ser. No era ese príncipe azul que tanto pensaba. Él terminó siendo un cobarde, un mentiroso y un estúpido que se deja llevar por la moda. Y por lo que dicen los demás. Y me di cuenta cuando, después de rechazarme, me puse a cavilar y a rumiar los hechos. Y lo primero fue lo siguiente: cuando yo le bese (le robé un beso) pude sentir como se tensaba su cuello. Y no quiso decirme la respuesta de mi duda en persona. Se fue lo más rápido que pudo, evitando así todo contacto conmigo. Segundo: Yo era muy pesada, y a aveces él no tendría ganas de hablar conmigo, por ende lo más fácil que podía hacer él era mentirme, diciéndome que estaba ocupado, y que se sentía bien. Pero a medida que lo iba conociendo me daba cuenta que no se sentía tan bien como él me decía. Y que yo era pesada, como cuando uno vuelve de comprar y le pesan las bolsas. Un estorbo. Esa es la mejor definición. Siempre fui un estorbo para él. Él fue el único capaz de llenar mi vacío. Si él no me quiso nunca nadie me va a querer, porque: ¿quién querría a alguien cómo yo?