Era una casa pequeña, en un barrio pequeño y nosotros dos niños pequeños. Que como cualquier otro, jugábamos juntos. En las calles y veredas. En las plazas y los parques. En tu casa o la mía

Te gustaba gritar muy fuerte y llamar a mi ventana con piedritas. A mí en cambio, me gustaba hablarte al oído y esperarte en la entrada.

Aún en la lluvia. Dos niños pequeños jugábamos. En las calles y veredas. En las plazas y parques. En tu casa o la mía

Jugábamos solos. Solo tú y yo.
Te gustaba esconderte y me gustaba buscarte. Me gustaba correr como te gustaba atraparme.

No necesitábamos juguetes, solo una hoja de papel y un poco de imaginación. El agua se hacía lago, el papel un barco y navegabamos juntos.

No te gustaba que te tocarán, pero mis manos eran como tus manos. No me gustaba el agua, pero estando a tu lado no era tan malo (podía soportarlo).

Aún en los días más fríos, podía contar con tu abrazo.

Y así los días fueron pasando. Y tus manos eran cada vez más parte de tus manos, los abrazos fueron más extensos y las noches se prolongaron.

Dejaste de jugar con barcos de papel para empezar a jugar con mi pelo, con mis labios, con mi corazón.

Aún te gusta gritar y a mi hablarte al oído. Entrelazar nuestras manos

Jugar en las calles y veredas. En las plazas y parques. En tu casa o la mía.

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Eliuryas