Estimado Tú:

No sé bien cómo empezar. Se que no haría esto de no ser necesario, pero ya no puedo postergarlo más, ya fue suficiente de callarme y siempre huir de la verdad.
Después de que nos vimos no pude evitar pensar que ese fue el adiós. Aunque quería aferrarme a como diera lugar a ese “tú” que apareció unos minutos mientras me abrazabas, supe que solo sería eso, solo un instante. Pude haber dicho “te quiero”, pero en su lugar dije “te extrañé” y creo que significó aún más.
Se que solo fueron instantes, pero te sentí tan real, tan distinto, tan como el que siempre fuiste conmigo, tal como en mis recuerdos, que por algunos minutos volví a creer que te quedarías, que ya no volverías a irte, que todo era diferente y querías correr el riesgo de volver a creer en nosotros. Pero no, solo estaba soñando y lo dejaste claro.
No sé qué decirte y, es que, te prometo que quiero dejarte ir y asumir que todo forma parte del pasado, pero solo en parte. Una parte de mi lo que más desea es traerte de vuelta, no rogarte otra vez que vuelvas, sino que te des cuenta de la maravillosa persona que es el niño que yo conocí, que tú me presentaste y luego hiciste desaparecer tras ese muro de apariencias, de una vida normal, realista y rutinaria que construiste para evitarte más daño.
Desearía poder decirte todo lo que sentí, he sentido y siento, frente a frente, pero cada vez que se da la mínima posibilidad huyes de todo, no me dejas hablar, como si no hubiese nada pendiente, como si realmente prefirieras disfrutar ese instante mientras dure, pero sin llegar lo suficientemente lejos como para ser completamente honesto. Y eso duele, es injusto, porque tú puedes seguir en tu farsa haciendo como si nada, pero yo no; necesito decírtelo todo, necesito que lo conversemos y escuchar un “no te quiero de ese modo”, un “jamás volveremos a estar juntos” y un “te perdono” por sobre todo lo anterior. Me da rabia que seas así de egoísta, porque sabes que lo necesito, pero primero estás tú y la prioridad es resguardarte de toda la verdad, porque es más fácil así para ti, lo se.
Estoy triste por ti, por los recuerdos, porque no soy capaz de perdonarme por haber tomado esa decisión que nos llevó a todo esto, porque no puedo evitar sentirme culpable al ver la persona en la que te has convertido, sin todas esas cosas que te hacían simplemente tú. Y se, se que es demasiado egocéntrico creer que todo aquello cambió por mi, pero siento que te hice daño, se que te hice daño y lastimé la parte más hermosa de ti, y lo siento, te juro que nunca quise hacerlo. Lo único que siempre quise fue evitarte algo peor, sentía que no era justo para ti, sentía que podías encontrar a alguien mejor que yo, que no te causara tantos problemas, pero en el fondo de mi corazón deseaba que no prefirieras a nadie más, y no, no fue lo que sucedió.
Quiero perdonarme, necesito perdonarme, no solo por lo que te hice, si no también por lo que me hice a mi, porque he sido la persona más injusta conmigo y no me importó destruirme por completo con tal de protegerte a ti, no me importó que todo esto me iba a suceder irremediablemente, no pensé en nadie más que en ti y aún ahora lo sigo haciendo a ratos. No me he permitido volver a confiar del todo, ni amar a alguien más de lo que te amé a ti, ni dejar que me amen y me den lo que merezco. Aún ahora no dejo de hacerme daño creyendo que te merezco solo a ti, cuando muy en el fondo sé que merezco algo mejor que el que eres ahora. Y es por eso que en algunos instantes también siento rabia contigo, porque puedes ser más honesto, ser más valiente y sincero, puedes volver a tener sueños, ser idealista, preocuparte por esas cosas que a nadie le interesan y luchar por eso, pero prefieres la comodidad, la absurda comodidad que tanto repudiabas.
Ya no se si solo soy un capricho para ti, ni si tú lo eres para mi, porque a ratos sí y a ratos no, pero al menos yo asumo que no lo se y podría decírtelo si me dejaras hablar, si es que no te lo he dicho ya. En cambio tú no eres capaz de decir absolutamente ninguna verdad, nada concreto y directo, tal como es; según tú para evitarme el daño, según yo porque ni siquiera estás seguro, porque no te permites demostrar los reales sentimientos a través de la sinceridad. Estoy enojada porque quiero que lo digas, quiero oírlo, leerlo, sea lo que sea, porque necesito que haya al menos una verdad en la que basar mis decisiones, en vez de suposiciones que me invento con lo poco que se.
A la niña que te amó y que aún ama sus recuerdos todavía le interesa volver a mirarte a los ojos y decirte que te quiere y quiere intentarlo una vez más y, no te mentiré, lucho con ella constantemente para explicarle como son las cosas, pero no puedo mentirme y decirte que no amo a ese con el que estuve hace tantos años; porque era lo que quería para el resto de mi vida; porque me hacía feliz, me llenaba en cada aspecto de mi vida y de mis expectativas; porque aunque habían cosas que no quería para mi, podía convivir con ellas por el solo hecho de ser parte de ti; porque decidí amarte; porque aun siendo tan pequeña dije “quiero que sea él y que no haya más”; porque llegaste a amarme más de lo que nadie me había amado, aunque te tomó tiempo darte cuenta. Yo quería pasar mi vida contigo, porque potenciabas todo lo bueno que había en mi y me impulsabas a hacer todo aquello que me llenaba, pero más allá de eso eras el que me daba calma, y sabía que podía estar bien sola, pero contigo podía estar aún mejor, no sé cómo. Jamás pensé en hijos, ni casamiento (como cuando uno imagina su futuro con alguien más, soñando en voz alta), porque disfrutaba tanto cada segundo de nuestro presente que no necesitaba mirar más allá, todo se daría con el paso del tiempo, se lo dejé a Dios.
Sigo buscando alguien que te traiga de vuelta, ya que tú no quieres, alguien que reúna tus cualidades. Pero hace poco entendí que no se trata de eso, porque la suma de tus virtudes y tus defectos jamás serán tú, porque tú no eras solo eso, porque lo nuestro no era de palabras, ni sueños, ni cosas concretas ni abstractas, era una energía, una idea, una ilusión, una emoción, un estado que me hacía libre, que me hacía volar.
Una parte de mi quiere seguir sus sueños, vivir su vida y dejarte ir, pero la otra parte te extraña y te quiere como nunca ha conseguido volver a querer. Estoy agotada de la lucha constante entre ambas partes, porque se que jamás llegarán a acuerdo, aunque ambas te extrañan y te quieren, pero una quiere perderte y la otra aún lucha por recuperarte.
Ya son cuatro años y un par de meses y se que hay que continuar, pero no sé cómo. No quiero ser la niña caprichosa que no sabe perder, que a ratos siento que soy; pero en el fondo se que no lo soy, no cuando se trata de ti, porque no puedo negar que cuando te miro siento que no ha pasado el tiempo y el corazón me late igual de fuerte y los ojos me brillan hasta bordear el llanto; porque no puedo negar que lloro con cada recuerdo y cada palabra que quisiera decirte; porque no puedo obligarme a engañarme; porque siempre que escribo, inevitablemente, se me viene tu recuerdo a la mente.
Supongo que sería más fácil si supiera la verdad, pero se que no, porque aunque me dijeras que ya no me quieres, yo no quiero dejarte ir, yo no quiero dejar de quererte; por más molesta que esté contigo, por más tristeza que sienta, sé que vuelvo a elegirte.
Pero después pienso y lo se: hay que avanzar, hay que crecer, hay que amarse y dejar atrás lo que nos hunde. Y, aunque se que contigo sería feliz, debo aceptar que, al menos por ahora o tal vez por siempre, no se puede o no me quieres. Mi vida ya no puede seguir girando entorno a recuerdos e ilusiones, porque merezco algo mejor. Sin embargo, quiero que sepas que ya no lucharé contra aquella niña, que ya no aniquilaré lo que siento, ni me obligaré a olvidar tus recuerdos, ya no me forzaré a hacer algo que realmente no quiero. He aprendido a aceptar mi tristeza, mi rabia, mi culpa, mi amor y estoy aprendiendo a quererlos y entenderlos uno a uno y se que con el paso del tiempo ella logrará comprender que nada es tan terrible como parece y que todo tiene su propósito y que si quieres volver lo harás, pero que no puedo vivir esperando que lo hagas, porque es tu decisión, y tus decisiones, tus pensamientos, tus sentimientos y tu vida no pueden determinar la mía.
¿Te extraño? Sí ¿Te quiero? También. Ya no me obligaré a negarlo, ni a olvidarlo, ya no diré “tal vez” ni lo pondré en duda, me digan lo que me digan y pase lo que pase, porque esa es mi verdad. No espero que eso cambie, pero se que como sea ya no volveré a mentirme y trabajaré en perdonarme mientras tanto.
Te perdono, quiero que lo sepas. Te perdono por dañarme, por no elegirme, por no comprenderme, por ser tan egoísta conmigo y con esa parte de ti, por no ser sincero, por tener miedo, por no perdonarme, por no olvidarlo, por decirme que me quieres y luego no saber si es verdad, por marcharte, y por volver o no, dependiendo del día. Te perdono porque eres imperfecto como yo y como todos y porque te quiero y te agradezco por haber formado y formar parte de mi vida, por enseñarme tanto y por empujarme a ser mejor cada día.
Gracias por todo lo que me has hecho y lo que no. Se que era lo que debías hacer.
Por último, lo siento por no haber hablado contigo y tomar en cuenta tu decisión y elegir por ti; lo siento por arrepentirme luego y volver a reabrir heridas que te costó cerrar; lo siento por pensar más en mi tranquilidad que en la tuya y ser egoísta muchas veces; lo siento por cada error y por cada acierto doloroso. Pero, aunque tal vez no sea una gran justificación, sabes que lo hice
porque Te quiero.