De niños soñamos con crecer, convertirnos en adultos, hacer lo que deseemos y llevarnos el mundo por delante. Pero cuando llega el momento, en el que hay que afrontar ese crecimiento nos asustamos y lo único que deseamos es poder retroceder en el tiempo, para que las cosas no cambien. Es difícil enfrentar todo lo que implica crecer, las responsabilidades, los sueños, las decisiones y en especial la transformación que se lleva a cabo dentro de nosotros mismos. Dejamos de reconocernos porque creemos que crecer es dejar ir todo lo que éramos, sin tener en cuenta que esa parte de nosotros siempre nos va a acompañar.
Jamás debemos dejar de ser quienes somos, porque crecer no implica eso. Implica aceptarnos tal y como somos y salir al mundo a crear nuestro propio destino, siempre con nuestra visión soñadora de niños, con la idea de que podemos hacer todo lo que nos propongamos si luchamos por ello. Reconociendo nuestros triunfos y nuestros errores, sin olvidar nuestras responsabilidades.