Estoy convencida de que poco nos enteramos de que vivimos. ¿Cuántas veces respiramos hondo, observamos con detalle el movimiento de la cortina, la humedad del césped, el color de la madera? ¿Cuántas veces vemos en un momento rutinario la belleza de la vida? ¿Qué tanto nos concentramos en nutrir el alma?

Es un hecho que la realidad definida como existencia definitiva, verdadera (y yo agregaría comprobable por la lógica del razonamiento humano) se apodera de nuestra vida como si la posibilidad del infinito no existiera también. Un ejemplo de realidad es que vivimos en sociedad, con otros seres humanos que nos rodean, con seres humanos que conocen de un pasado, de historias de otros seres humanos, de las suyas propias y que te hacen consciente de los hechos reales que se construyen en tu existir. Ahora resulta que estas personas se construyeron con algún concepto de vida, pero por un momento imagina que ningún concepto existe, que tienes que armar tú el concepto de vivir y sus características.

Personalmente digo que vivir es la definición de todas las dimensiones combinadas y me maravilla que se dé. Como característica voy a decir que la vida es muy poderosa. Puede hacer y deshacer, llega difícil y se puede ir rápido. Su problema es que no viene con un manual de instrucciones, por lo que a veces no sabemos qué hacer con ella, cómo tallar nuestra escultura. Ahí nos ayudan los sentimientos, las emociones, hasta las intuiciones y seguramente algo que me falte considerar. Pero tiene que ser con decisiones puramente propias, auténticas de la paz del alma, un alma que ojalá todos pudiéramos conocerla a fondo, entender lo que tiene y cómo funciona.
Pensar sin enloquecer, pensar para la utilidad, pensar para tener un fin. ¿Hace falta tener un fin? Habrá quienes digan que caminar sin rumbo es natural y hasta necesario, pero yo sí veo la finalidad como característica de la vida, como una dimensión más que contiene misterio.
Sentir sin apenarse de ello, sentir sin frenos, sentir maravillándose por la magia de lo que no vemos pero sabemos. ¿Hace falta conocer? Históricamente el ser humano ha intentado comprender su mundo y a él mismo, parece que no pudiéramos vivir con la incertidumbre. ¿Pero qué tanto se detiene a cuestionarse si en realidad debemos cumplir una u otra misión, a memorizar un momento o a escuchar el silencio?

Quizás en la nada esté la respuesta. Quizás en el detalle lo esté. Quizá no exista una respuesta y solo inventamos esa palabra.

¿Qué existe?

Yo creo que el instinto es nuestra mayor fuente de información y le debemos hacer caso. Al menos mi instinto me quiere decir cómo es la paz, y creo que la paz es el fin.

Hoy, digo que la paz no se halla en ningún lado o se halla en todos. Tú decides. Tú decides qué existe también. Arma tu vida. Escucha tu fin.

Cuestiona pero disfruta de la vida, incluso cuando no sepas si tiene fin, o tengas problemas para lograr tu fin, que lo que sobra son opciones.