Haría cualquier cosa sólo para verlo reír, escuchar esa sonora melodía que se había convertido en el centro de su universo, una y otra vez.

Existía dos opciones: Dejaba de hacer eso, o me seguiría enamorando. Cada detalle formaba una perfecta paleta de colores.

Deseé que jamás dejara de mirarme así. ¿Cómo el cielo no podía llorar cuando él bailaba? Ni siquiera el sol debería atreverse a salir antes de que él abriera los ojos.

Toda mi vida me mantuve distante hacia los demás, y cuando alguien intentaba cruzar la línea y entrometerse en mis sentimientos, me escondía. Luego él me encontró, perdida y con los ojos cerrados, y aún con sus miedos e inseguridades jamás me ha soltado.

Durante años no acepté la existencia de la magia hasta que apareció en su vida. Y así poco a poco, fui creyendo en un sueño que no imaginé estaría a mi lado de esa forma: el amor.

Haría cualquier cosa sólo para verlo reír, escuchar esa sonora melodía que se había convertido en el centro de su universo, una y otra vez. Acepto cada parte de él, cada error y virtud, cada sonrisa y lágrima, cada año junto a él y cada mañana que despierte a su lado.

Tal vez debería aprender otro idioma, porque al menos en el mío no existía palabra que lo describiera. O inventar uno nuevo, uno que sólo nosotros pudiéramos entender.

Voy a conjugar la palabra amor en todos los tiempos, a tu lado.

Siempre has sido tú,

al principio,

al final.

Porque los mejores sueños los vivo en tu sonrisa.