Nada me hacía salir del asombro de que yo le gustara, principalmente porque era una insegura de mierda y no podía creer que alguien tan espectacularmente hermoso como él le gustara a alguien como yo. Hablaba de él durante mucho tiempo.

Él y yo no nos veíamos muy seguido.

Luego de conocernos empezamos a hablar por una aplicacion de mensajería gratis.

Ni siquiera hablábamos seguido por ahí pero con sólo decirme hola para mi era suficiente.

Se me hacía difícil hablar con él, eso me molestaba porque para mi era muy fácil socializar y yo era muy extrovertida pero por alguna razón con él era muy difícil hablar quizás porque no quería arruinar nada con él.

Era más fácil para mi hablarle en persona, pero incluso así me costaba hablar. Mi lengua se trababa y mi cerebro entraba en colapso.

Acordé una tarde con una de mis compañeras de clases y su vecina, para ir a su casa después de la escuela para adelantar un trabajo y obviamente verlo así fuera por unos segundos.

Estuve toda la tarde en la casa de la chica hasta que oscureció. Salió la repentina idea de ir a comer helado.

La idea no me animaba porque no tenía una buena pinta. Sin embargo acepté ir con aquél grupo de amigos, en el que mi amado estaba.

Estuve todo el camino a su lado, fue incómodo y emocionante a la vez.

Podía ver por el rabillo del ojo que el me observaba, eso hacía que mi corazón se sobresaltara.

Estando en la heladería, él no me quitaba los ojos de encima. No sabía qué hacer, si mover mi cabello, si sonreír, si mirarlo de vuelta, mi mente estaba en colapso nuevamente.

Era increíble lo miserable que yo era cuando él estaba cerca.

De vuelta al vecindario, estuvimos estacionados por un rato esperando a que una de las chicas volviera con algo que necesitaba comprar.

Durante ese tiempo bromeamos todos en el auto, reímos, y de un momento a otro él rodeó mi cuello y se acercó a mi.

Me besó.

Fue un pequeño beso pero me besó.

Esos labios tocaron los míos.

Mi cerebro entró en colapso nuevamente. Me faltaba el aire. Se me olvidó pestañear. Mi corazón estaba retumbando mi pecho y yo sólo podía reírme como una idiota, ya que mi cuerpo no estaba capacitado para nada más.

Y lo volvió a hacer.

Me besó de nuevo.

Dios, mi mundo estaba revuelto.

No esperaba que nada sucediera ese día e inesperadamente pasó eso, dejándome marcada el alma para siempre.

Aunque fueron dos pequeños besos, estaba feliz, estaba emocionada e ilusionada.

Para cualquiera sería algo insignificante. Pero para mi, alguien cuya experiencia se resumía a ver a las personas siendo felices con alguien más mientras su soledad era lo único que tenía, había sido un suceso espectacular

Esos dos pequeños besos me llenaron el alma. Pero empecé a querer más.