Luego de saber que yo le gustaba mi sonrisa era inevitablemente difícil de esconder. Entonces, me empezó a gustar también.

Él estaba con su grupo de amigos y yo con el mio. Él me señaló y sus amigos voltearon a verme. Dom estaba diciéndoles que yo le gustaba, me sentí importante, linda, única, no lo sé, en mi mente yo era la mejor.

A partir de ese momento empecé a analizar cada uno de sus movimientos, sabía que estaba observándolo de más pero no podía dirigir mi atención hacia otro lado.

Era mi tipo.

Luego no lo era.

Pero luego volvía a serlo.

Una mitad de él lo era, otra mitad ni se acercaba.

Era mi tipo por varias razones.

-. Era delgado, me gustan los delgados.

-. Tenía ese aspecto de chico malo y sensual que puedo jurar que me volvía loca. Me gustaba su color de piel, era moreno, pero un moreno claro, como si estuviera bronceado, su cabello era negro y perfecto.

-. Era muy agradable, amistoso y divertido. Sentía que iba a hacerme reír demasiado y pasarla bien.

-. Su sonrisa era inexplicablemente, indescriptiblemente e indudablemente HERMOSA.

-. Sus ojos marrones eran la cosa más exquisita que yo había podido apreciar.

-. Sus labios eran gruesos y jugosos, si fueran comida ellos probablemente ya no existieran. Cuando los mojaba con la lengua eran provocativos, hacían explotar mi mente y mis hormonas.

No era mi tipo por varias razones.

-. Fumaba. Fuma aún. Puedo asegurar que mi cerebro se paralizó por un momento cuando vi que colocó un cigarro entre sus perfectos y gruesos labios. Aquél que me conozca perfectamente sabe que no me gusta que un hombre fume.

-. Un don Juan. Las historias que a mis oídos llegaban sobre él, eran desconcertantes.

-. A veces hablaba de más. Lo que se suponía que debía guardarse, lo contaba a gente que no debía, buscándose así una mala fama y mucha, mucha desconfianza.

-. No sabía lo que quería. Eso me causaba dolor.

-. No decía lo que sentía. Yo simplemente no sabía lo que él quería, lo que pensaba, nada.

-. Se iba mucho de fiesta. Eso no me agradaba en lo absoluto porque tendría que ver a muchas mujeres y me causaba celos enfermizos.

A pesar de que sabía que habían muchas cosas de él que no serían para nada buenas y beneficiosas para mi, aún así decidí que él entraría en mi vida.

No me importaba lo que fuera ni lo que hiciera, sólo veía cosas buenas en él y sólo quería darle prioridad a las cosas buenas.

Cerré mis ojos y me dije: "Déjate llevar, ésto será bueno para ti, la experiencia será muy buena, sabes que te gusta así que adelante, déjalo entrar a tu vida".

Sabía que él se iría de mi vida algún día pero no estaba preparada para eso aún.