Debería hacerlo, tal vez no... ¿Cambiará algo decirtelo? ¿Dependería de... algo? No lo sé. Y tu tampoco. Ninguno de los dos sabemos si algún día leeras esto, por lo que no tenemos que preocuparnos por responderlas.
Hombre de mi vida, niño de mis sueños, compañero de realidad; ¡Ay cuánto miedo me das! Quisiera amarte por completo, con libertad, con confianza y sin temor. Pero miedo me das, sin quererlo ni esperar.
Me da miedo tu sonrisa, tus manos y tu piel. Me da miedo lo que me hacen, porque me tocan, me rozan y me lastiman... trozan mis cimientos, mis mismos miedos y mis verdades. Lastiman mis demonios, los hacen más débiles. Oh, mis demonios... han estado aquí conmigo durante tanto, mucho antes que tú, consolandome y reprochandome. Y pronto tu vienes y los echas de casa, como si ya no sirvieran para reprocharme, para hacerme dudar... como si esos demonios solo fueran una carga de basura. ¿Quién te da el derecho a quitarmelos? Me destrozas, me das miedo, amor mìo.
Eres como el fertilizante, pero tambien el pesticida. Nutres mis flores interiores, le das vida a mis seres; pero matas mis hierbas, mis creencias, mis dudas y mis ideas erróneas. ¿Por qué me quitas lo que soy?
Haz quebrantado a mi vieja yo, mis muros se vienen abajo, mis polos se derriten, y ahora en vez de eso un nuevo jardín interior con flores, mariposas y libelulas esta creciendo dentro de mí. Me das miedo... porque puedes hacer que me asfixie de amor.