Hoy te escribo para agradecerte por déjame ir,
me he acostumbrado a estar sola
que ya hasta se me hace divertido.

Tu ya no estás,
y lo que tengo a mi alrededor es pura basura.
Sólo son personas vacías,
personas sin sentimiento alguno
que solo sirven para juzgarte
una y otra vez.

Estoy tan fría,
que ya ni siento dolor
me he transformado en una de esas personas sin sentimientos
pero solo para juzgarme a mi misma.

He reconstruido cada parte de mi alma,
esa que despedazaste sin decir una palabra,
he afilado cada parte de mi interior
para no volver a sentir alguna otra cosa repugnante en mi estomago.

Sólo quiero ser yo,
deleitándome de un café
fuerte y amargo
porque así es esta vida,
excepto que cuando acabe,
no hay oportunidad para pedir otra;
se que soy una egoísta,
por no querer compartir
ni mi café, ni mi vida
pero es que me he llenado de miedo
y he perdido las ganas de sentir.

Mejor me quedo sentada en esta silla
terminando mi café
y viendo por la ventana,
como crecen las flores
que con el tiempo
esas mismas marchitan.