Caminaba hacia delante sin saber hacia dónde me dirigía y lo que tenía que llevar conmigo. Caminaba solamente por qué me había aburrido del mismo lugar, de las mismas personas que se aman a sí mismas y de las cosas que empezaban a tener un color gris. Sé que los mejores momentos están al lado de las personas cercanas, pero... ¿por qué no seguir hacia delante y ver lo que nos tiene el futuro preparado?. ¿Quién sabe? A lo mejor nos aguardan nuevas aventuras, nuevos amigos y nuevos momentos en los que seguir siendo aquellas personas con una gran sonrisa dibujada en la cara.
Sé que muchos os preguntaréis por qué caminar cuando puedes tomar un autobús o un tren. Pues... por que si caminas las cosas pasan más lento y las puedes sentir con el alma. Puedes sentir cada paso, cada mirada y cada sonrisa con la que te cruzas a lo largo del camino.
¿Y sabéis lo mejor de caminar? Lo mejor es que cada persona tiene un camino y un destino diferente, cada uno decide cuando quedarse para siempre, cuando tomar una pausa o cuando seguir con el camino.
Ahora bien, lo siento por haberos mentido, pero sí sabía por que seguía caminando. Y ahora que he llegado tan lejos caminando os puedo decir solamente una cosa: ¡NO ME ARREPIENTO DE NADA!