La conocí un lunes, un lunes de esos en los que el mundo te da vueltas y no logras hallar tu lugar en el universo.
Me bastó escuchar su nombre para saber que era una de esas personas que llegan y extinguen tu vida, una de esas personas que arrasan con todo lo que has construido una vez llegan. En ese momento lo supe, sería imposible salir con vida de aquel agujero al cual aspiraba caer junto a ella.
Su nombre era Magia, pero de mágica no tenía nada.
Aunque su presencia iluminaba el mundo,
Aunque su sonrisa me hacía querer vivir,
Aunque la flor más hermosa fue creada para ella,
Aunque al rosar mi piel me hacía sentir indestructible,
Aunque volvía infinito cualquier momento,
Aunque supo desaparecer de mi vida en un solo parpadeo, y para ello no usó ni varas, ni polvos, ni abracadabra alguno.
Bastó escuchar el crujir de mi corazón para saber que a este “show de magia” jamás hubiera querido asistir, ¿o quizás si?