El sol brillaba a lo alto del cielo, las nubes estaban dispersas. Debajo de la sombra de un árbol un chico se resguardaba de los fuertes rayos del sol, recostado con su espalda pegada al tronco algo curvado de aquel viejo árbol. Sus ojos se encontraban cerrados, varios al pasar por ahí creerían que se encontraba dormido, pero realmente estaba soñando y para soñar no se necesita estar dormido solo un poco de creatividad.
Los minutos pasaron, tal vez hasta una hora y el chico de cabello castaño oscuro no se movió ni un milímetro del lugar en el que se encontraba. El sol parecía comenzar a apagar sus rayos de luz, las nubes como tregua decidieron comenzar a juntarse delante de aquella gran luz. Solo aquel cambio logro hacer que el castaño abriera sus ojos, ojos de color café que decían tantas cosas, una mirada algo perdida, pero con mil palabras y sueños dentro.
Una idea se había comenzado a cultivar en su cabeza, su inspiración empezaba a despertar por lo cual tomo su vieja libreta, la cual se volvió su lienzo, su lápiz se volvió un pincel de palabras y su mano se movía con destreza por el papel. Sin darse cuenta, su hoja comenzaba a llenarse, pero el tan sumido en sus pensamientos simplemente escribía lo que le nacía sin percatarse en la cantidad, en cambio le importaba más el significado que aquellas palabras, oraciones y párrafos iban formando.
Mientras el escribía, una chica paso por aquel viejo árbol, su mirada quedo capturada con la imagen del chico escritor. Ella tratando de no hacer ruido alguno, saco su celular y con precaución y en silencio capto aquel momento que le resulto enigmático y maravilloso. Al verificar que el chico ni siquiera la había notado, se sentó en la otra parte del árbol, por momentos su miraba la traicionaba y se fijaba en como su lápiz se movía con elegancia por aquel papel, una sonrisa inesperada se posó en sus labios ante aquella acción.
Un suspiro se escapó de los labios del chico escritor, sus ojos se movieron rápido por el papel y al finalizar su lectura, una sonrisa de complacencia apareció en sus labios, bajo el lápiz y lo dejo en el césped, fue hasta ese momento que se dio cuenta que aquel cielo soleado que lo había acompañado en un principio se había convertido en un lienzo de estrellas. Levanto su mirada de su libreta volteando a su derecha, una mirada de sorpresa invadió su rostro al percatarse de la chica al lado suyo.
La misteriosa fotógrafa le devolvió la mirada sin borrar su sonrisa, la cual era un poco más amplia al ver que el escritor ya había terminado. Lo saludo con un leve movimiento de su mano, un leve tono carmesí se posó en sus mejillas al sentir su mirada sobre ella.
—¿Has terminado? —preguntó simplemente para comprobar, señalo con su mano la libreta que reposaba entre ellos, sin despegar su mirada de la de él.
—Si, termine y me concentre tanto que ni me fije en el tiempo—respondió él encogiendo ligeramente sus hombros con una sonrisa de lado. —¿Llevas mucho tiempo aquí?
—El necesario—le contestó con un tono despreocupado la fotógrafa.
—¿Lo necesario? —cuestión el escritor ladeando un poco su cabeza en un gesto curioso.
—Si, lo necesario para darme cuenta de que tienes un gran talento—respondió la chica con una sonrisa sincera.
—Pero, ni siquiera lo has leído…—razonó el chico con un tono de incertidumbre
—No necesito leerlo, simplemente lo sé—agregó la chica para despues poner su mano sobre la libreta del escritor—¿Es una historia?
—Tal vez…—le respondió el con simpleza, sus ojos estaban fijos en las acciones de ella.
—¿Tal vez? —cuestión con curiosidad la chica, conectándose con la mirada de él.
—Solo sé que es un nuevo comienzo…—hablo él con una voz profunda, sus ojos ya no tenían esa mirada perdida, su mano se encontró con la de la chica encima de aquella libreta que tenía escrito el prefacio de un nuevo inicio.