Adrenalina.
Adrenalina corriendo por nuestras venas por el simple roce de nuestras pieles.
Control.
Control perdido en la decisión de si hacerlo o no.
Solo tu y yo, balanceándonos, sintiendo los latidos del otro contra tu pecho, escuchando a las olas meciéndose de un lado a otro con sorna.

Lo recuerdo, recuerdo las promesas que me hiciste, las promesas que cumpliste y las que no. Recuerdo las caricias de tus manos recorriendo un largo trazo sobre mi piel, caricias que jugaban con mi control y mi adrenalina. Recuerdo tus labios moviéndose en un susurro, apartando los monstruos de mis pesadillas; recuerdo tus labios sobre los míos, cerrando un trato en un tiempo tan efímero como eterno.

Te recuerdo. Nos recuerdo. Solo tu yo. Tu y yo.
Siendo la promesa, el sostén y el suelo del otro.
Sin palabras, solo con la vista puesta en nuestros movimientos. Tu y yo, como una promesa perdida en el tiempo.