Esto no se siente bien.

Nada bien.

Todo mundo sonríe a mi alrededor y debo ser una buena mentirosa porque mi sonrisa no refleja como me siento por dentro.

Las damas de honor y mi mejor amiga están aquí acompañándome en lo que se supone que debe ser el mejor día de mi vida, no logro comprender por que no se siente bien, justo ahora.

Me miro de nuevo en el espejo de 180° y sé que todo luce perfecto; todo parece encajar excepto yo. ¿Por qué ahora, B?

Unos golpes en la puerta me traen de vuelta a la realidad, nadie parece escucharlos así que soy yo la que avanza, abro la puerta para encontrarme con un ramo de rosas gigantesco.

-¿Kim? ¿Eres tú? - Pregunta mi futuro... si no vomito ahora sin duda lo haré más tarde.

-No. Soy Blaire. - Digo ayudando, mis dedos rozan con los suyos y nos adentramos de nuevo en la habitación.

Ninguna de las presentes puede evitar gritar de la emoción. - ¡Nathan! ¿Qué rayos haces aquí? Acabas de romper la maldita tradición. - Grita Kimberly acercándose para darle un golpe amistoso en el brazo, cuando las rosas ya estaban en la mesa, me da un beso en los labios de manera rápida.

-Te ves... hermosa.

No vas a creerlo cuando te diga lo que te tenga que decir.

Evite que nuestras manos se entrelazarán, no podíamos llegar más lejos. - ¿Podemos hablar? - Susurre lo suficientemente alto para que él pudiera escucharme, asintió y no pudo evitar mirarme con extrañeza.

No perdí ni un segundo. - Chicas ¿Podrían dejarnos unos segundos? - El murmullo bajo, Kim fue la última en salir y su mirada me hacía varías preguntas. - Sólo serán unos minutos.

Observe a Nathan con más detenimiento una vez en nuestra privacidad; era muy apuesto y ese bello traje negro realzaba el verde esmeralda de sus ojos, algo debía estar mal conmigo al darme cuenta que no podía pasar el resto de mi vida con él: apuesto, amable, cariñoso... tenía todo lo que cualquiera desearía.

Sentí como el labio me temblaba. - No, oye ¿Por qué estás así? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? - Estaba apunto de rodearme con sus brazos pero di un paso atrás. -¿Blaire?

Vamos, B.

- Nathan, no voy a casarme contigo. - Al instante el color en sus mejillas desapareció.

- Si esta es una de tus bromas, déjame decirte que es de mal gusto.

-No, es una broma. - Hable. Nathan se recargo en la pared luego de dar pasos torpes sin dejar de verme directamente a los ojos.

-¿Por qué estás haciendo esto? ¡Maldita sea, Blaire! ¡Estamos a nada de casarnos! ¡Es nuestra boda! - Grita, toma cualquier cosa a su paso y la lanza lejos cuando llega al ramo que me ha traído las toma y las avienta por el balcón.

Nath cayó sobre sus rodillas y comenzó a llorar. Me agache a su altura, comprendiendo que había sido una ingenua todo este tiempo, y ahí estaba otra vez esa sensación al igual que varias veces en mi vida, _estaba lista para correr._- Por favor, Blaire. Dime que me amas y que es una mentira.

-Lo lamento, Nath. No puedo hacerte esto. - Dije, antes de quitarme el anillo de compromiso y tomar su mano para devolvérselo, me reincorpore para salir de aquí.

Camine por el pasillo de esta gran mansión, pérdida en mis pensamientos había olvidado que mis damas de honor y Kim estaban ahí unto con todos los invitados. Al verme, todos guardaron silencio. - ¿Blaire? - Iba a perder a mi mejor amiga.- ¿Qué sucede?

-No habrá boda. - Aclaré, el hecho de que no me iba a casar no me hacía sentir mejor. Me quité las zapatillas y levante la cola de mi vestido para seguir avanzando a la entrada principal de la propiedad. - ¡Blaire!

Cuando estaba lo suficientemente lejos comencé a llorar, era increíble que yo hubiera hecho esto, casi supe al instante sobre quién era mi cómplice después de todos estos años y que yo aún seguía perdiendo incluso cuándo no me quedaba nada.

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Hola. Soy Brenda y bueno, éste es el primer escrito que hago aquí. Espero sea de su agrado. :)