A veces, de noche, sueño con poder enviarte el cielo. El cielo entero.
Imagino que somos capaces de enviarnos los momentos perfectos, para que ambos podamos disfrutar de las mismas sensaciones.
¿No piensas lo mismo? En las largas noches de estrellas, en las que hablamos por teléfono y describimos nuestros cielos.
-Ahora mismo estoy viendo la constelación de Casiopea-dijiste una vez-. ¿O puede que la de Escorpio?
-Imposible-te respondí-. La constelación de Escorpio la estoy viendo yo. No podemos ver las mismas constelaciones si estás al otro lado del mundo.
Y tú reías, porque en realidad ni siquiera sabías diferenciar las constelaciones.
Recuerdo una noche de luna llena. En tu cielo solo había nubes, y llovía. No había parado de llover en días.
-Ojalá pudiera ver las estrellas esta noche. Estoy harto de ver llover.
Y yo suspiraba porque era el momento perfecto para enviarte un poco de mi cielo, de mis estrellas, de mi luna. Y quizás a mí me habría gustado un poco de tu lluvia.
Ahora lo pienso, y sí, me gustaría compartir las mismas estrellas.
Me gustaría por una vez poder decir "hoy hay luna creciente" y que no me respondas "aquí es menguante". Necesito compartir el cielo contigo.
O quizás me conformo con estar bajo el mismo cielo.