Solo necesitaba una respuesta, una respuesta que acabara con mis sospechas. Quería que me dijeran si había algún problema conmigo o si solo estaba exagerando, pero me quedé esperando.
Dicen que el silencio también es una respuesta, pero necesitaba una explicación. Necesitaba saber la verdad para luego decidir si me quedaba o si seguía con mi vida.
Sé que estaba mal, pero siempre he sido la clase de persona que suele insistir. La clase de persona que espera escuchar la verdad, pues odia las mentiras.
A lo largo de mi vida he visto como se alejan las personas y aunque podría decir que las he perdido, no lo haré. No lo haré y es que no le pertenezco ni me pertenece nadie.
Nadie es dueño de nadie y deberíamos entenderlo de una buena vez. Deberíamos entender que somos como las aves, tenemos alas para volar, no para vivir enjaulados. Y no hay peor pecado que el hacer sentir a una persona encadenada.
Tenemos que aceptar que algunas personas solo pueden estar en nuestro corazón, no en nuestras vidas.