No eran sus ojos o la forma que tenía de mover las manos cada vez que quería expresarse, no, era toda ella , ella y su maldita forma de sonreír que alegraba mi vida con pequeños detalles.
Tampoco era su voz melódica que espantaba toda pesadilla intermitente, ni su cabello largo hasta su cintura que se movía a la danza del viento a través del sol cada tarde.
Era su esencia y más que eso su corazón, su forma de amar, de completarme sin si quiera esforzarse en ello.