Una noche, en un ataque de rabia (no tenía nada que ver con el amor) tomé un jarabe para la tos que contenía codeina, esta substancia es considerada como una prodroga, principalmente cuando se consume a través de los jarabes, violando las dosis recomendadas, propiciando la adicción.

En resumen, me drogué.

La codeina era popular entre los jóvenes, sus efectos van desde la sensación de relajación, hasta la distorsión de la realidad y paranoia, incluso euforia.

Recuerdo haberme tomado hasta la última gota del jarabe para la tos que tenía un poco más de la mitad. Me acosté a dormir creyendo que consumirlo no me causaría nada pero luego me levanté en la madrugada con fuertes mareos y ganas de vomitar, no podía mover mi cuerpo ya que mis extremidades se sentían muy pesadas. Estaba asustada porque no sabía que estaba pasando, pensé que iba a morirme en ese momento, intenté vomitar, lavé mi cara repetidas veces y mi corazón latía muy rápido, tenía los ojos un poco rojos y fue entonces cuando supe que estaba drogada.

Estuve en mi sala de estar asimilando el hecho de que estaba drogada, mi cuerpo se empezó a relajar, tenía mucho sueño y se me dificultaba ver la pantalla de mi teléfono. Repentinamente comencé a reír pero luego quise llorar, era una sensación nueva que me estaba encantando. Dormía por ratos, cuando despertaba sentía los efectos con mucha más intensidad.

Eran las 3 de la mañana, me acordé de él porque siempre estaba despierto a esa hora y nuestras conversaciones por lo general eran alrededor de esa hora, entonces le escribí. Le pregunté que hacía y me dijo que no estaba haciendo nada.

De repente leí unas palabras que no sabía si eran alucinaciones o que realmente él las había dicho, cerraba mis ojos con fuerza y luego los abría bien para leer una y otra vez lo mismo, quería asegurarme de que no fuera un efecto de la codeina.

"Te amo mucho, me encantas, en serio. Pero tengo miedo porque soy muy poco hombre para ti"

Aquél mensaje me sacudió la existencia y más estando drogada.

Dios mio, yo también lo amo.

La droga estaba más viva que nunca dentro de mi, por mi cabeza pasaban infinidades de pensamientos, no tengo muy claro lo que pasaba en ese momento, ni tampoco tengo muy claro si él realmente me había dicho aquello.

De un momento a otro me quedé dormida y cuando desperté lo único que tenía en la mente eran los recuerdos de aquél mensaje que había confundido mi existencia. Revisé mi teléfono para asegurarme que lo que vi no fue causado por la droga.

Entonces lo vi. Y a parte había otro mensaje.

"Ámame, tengo miedo"

No eran alucinaciones, no estaba drogada, él realmente me lo había dicho.

Te amo, no tengas miedo.