Terminar, volver, terminar, volver. El día a día de los amores inmaduros, eso sin contar los celos que son inminentes en una relación donde uno es más niño que el otro. Donde no aclaran sus prioridades y no se tienen confianza.

¿Hasta que punto estamos dispuestos a llegar para conservar un amor, que más que hacernos creer, nos hunde cada día más? Es acaso la soledad un regalo que no todos recibimos con los brazos abiertos o es más fácil estar con alguien difícil que estar solos.

Lo cierto es que según he aprendido con los años, es mucho mejor estar solo que con una persona que te hiere, te humilla y te engaña pero al final del día lo perdonas por dice que te ama y no puede vivir sin ti.

Que tanto de nosotros estamos dispuestos a sacrificar para que otro persona se sienta bien, aún cuando nosotros nos sentimos fatal.

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