Durante un tiempo fuiste mi refugio, como esos brazos cálidos a los que uno se aferra para protegerse de aquello que atormenta.

Pero igual que te he amado, te detesté y evité con todas mis ganas.
Volver a ti me suponía un verdadero suplicio, un esfuerzo sobrehumano por intentar ser lo que fui. Nunca me sentí satisfecha con nada, y te aparté de mi vida pese a que jamás he dejado de añorarte.

Pero siempre he estado equivocada... y lo sabía. Supongo que era más sencillo echarte la culpa y no reconocer que la llama que prendía en mi interior se apagaba y no hallaba la forma de volver a avivar.

Ponerme el listón demasiado alto también fue un error. Olvidé que el placer no admite exigencias porque entonces no es placer, sino una obligación, y yo me creía estar obligada a ser perfecta cuando lo único que buscaba era ese abrazo amigo que me ayudara a encontrarme mejor; a respirar.

Quiero pensar que me he perdonado y puedo volver a reconciliarme con la forma en la que las palabras fluyen de mi corazón para ser escuchadas por ti, que nunca me has obligado ni exigido nada. Tú que siempre has esperado mi regreso para tenderme tus brazos y acogerme en un trozo de papel o un fondo en blanco...

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@Yuko_san96